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Día de la mujer

LA LUCHA POR LA IGUALDAD DE GÉNERO EN EL LUGAR DE TRABAJO

Por Elva Ramos-Monge

Marzo de 2021

 

El mes de marzo es ideal para reflexionar sobre los avances que nuestra sociedad ha tenido en materia de derechos de la mujer, considerando que no se ha evolucionado con la rapidez deseada, y ni mucho menos hemos rozado la tan anhelada “igualdad de género”.

Cuando hablamos de la desigualdad laboral entre hombres y mujeres debemos considerar factores distintivos, como la necesidad de conciliación laboral y la inseguridad laboral que ésta ocasiona. El concepto de “techo de cristal”, acuñado por la consultora estadounidense Marilyn Loden en 1978, se refiere a aquellos obstáculos invisibles que restringen el progreso de las mujeres dentro de las organizaciones y que aparece cuando las mujeres se acercan a la parte superior de la jerarquía corporativa y se les bloquea la posibilidad de avanzar en su carrera profesional. Esto se ejemplifica en el ámbito profesional en el estereotipo que relaciona al hombre como directivo, considerando que la mujer no puede serlo por falta de capacidad de mando y autoridad; y en el ámbito personal, en que las mujeres enfrentan obstáculos relacionados al perfeccionismo y culpabilidad como consecuencia de una educación sexista.

Otro concepto interesante es el de “doble jornada” propio de las economías desarrolladas, se refiere a la doble carga de trabajo (en el ámbito doméstico y familiar). Esta doble carga repercute en el desempeño y ascenso laboral. Así, la lucha por la equidad de género está representada en la agenda 2030 de la ONU en el objetivo 5 “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y a las niñas”. Este objetivo incluye, entre otros aspectos, la participación plena de la mujer e igualdad de oportunidades, así como la igualdad de derechos a los recursos económicos. En este sentido, se destaca que la desigualdad salarial es también una forma de violencia de género y discriminación.

A nivel mundial, según la ONU, en promedio una mujer gana un 16% menos de lo que percibe un hombre por un trabajo de igual valor. En México, según datos oficiales de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), la diferencia del ingreso a nivel nacional que existe entre hombres y mujeres que conforman a la Población Económicamente Activa es de entre el 16% y el 34.2%. Esto se refleja en que la tasa de participación económica hasta septiembre del 2020 en México fue del 40,9% de las mujeres y del 70% de los hombres (CEPAL), demostrando que queda un gran camino por recorrer hacia la igualdad.

En este sentido, en el centro PERSÉ estamos conscientes de los desafíos que viven las mujeres día a día para conciliar la vida laboral con la familiar, y una de las iniciativas que ponemos en marcha a partir de marzo junto con UNICEF-México es para concientizar y capacitar a empresas chihuahuenses sobre los derechos de las mujeres que han decidido ser madres a la lactancia materna en el lugar de trabajo. Asimismo, en este mes, junto con Alliance for Integrity analizamos la relación entre género y corrupción.

En definitiva, resulta necesario reflexionar y actuar sobre la importancia del empoderamiento de la mujer en nuestras empresas, así como activar estrategias que plasmen su compromiso con la prevención y eliminación de toda discriminación, hostigamiento y violencia salarial, facilitando la conciliación laboral tanto para hombres como para mujeres, como parte de la cultura organizacional, asegurándose de establecer igual remuneración por trabajo de igual valor.